martes, 4 de noviembre de 2008

La crisis, la bolsa y la barrera de potencial

Hace ya tiempo que nadie duda que estemos en crisis, la tasa de paro no deja de subir, las bolsas mundiales no terminan de estabilizarse tras la que se conoce como la crisis bursátil mundial de Octubre de 2008,... no hay día que no se discuta en todos los lugares del mundo sobre el futuro económico del planeta. Pero, ¿hasta qué punto nos encontramos en una situación sin precedentes?

Desde el siglo XIX se han estudiado los ciclos económicos dando lugar a numerosas teorías financieras que explican, o al menos reconocen, ciertas pautas de repetición en la economía. En todas ellas se establecen 4 fases del ciclo económico: ascenso (período próspero), descenso (la situación decae provocando la crisis), recesión (se disminuye el PIB al cesar de forma masiva las inversiones) y reactivación (donde vuelven a prosperar las inversiones económicas, con la consecuente baja de la tasa de paro entre otros factores positivos).

La sociedad capitalista establecida promueve el gasto y la compra impulsiva de artículos, en su mayoría innecesarios, a precios inflados que distan considerablemente de sus valores reales, de comercio justo. El resultado de esta acción es la necesidad de utilizar la compra a crédito debido a que los gastos llegan a superar con creces a los ingresos. Esta vorágine consumista nos atrapa en su círculo de pagos aplazados de la cual es complicado salir. Si este plan es llevado a cabo de forma masiva, nos encontramos en una utilización exagerada de dinero que no poseemos, saturando a las entidades financieras.
En la década de los 70, el economista Hyman Minsky demostró que en los tiempos de prosperidad (ascenso), se desarrolla una euforia especulativa, aumentando el volumen del crédito hasta que la situación se vuelve insostenible, comenzando la época de impagos, obertura de la crisis (descenso). Esto produce una contracción del crédito lo que introduce la fase de recesión.

El problema fundamental en esta crisis es sin duda el descontrolado mercado inmobiliario, problema que, por supuesto, era conocido desde hace mucho tiempo, pero el cuál convenía no solucionar dado los enormes beneficios que otorgaba a muy corto plazo y sólo a unos pocos. El incremento exacerbado de los precios y la continua aceptación de créditos imposibles por parte de las entidades financieras han acabado por reventar una situación que no tenía solución posible.

Esta situación se hizo notar de forma inmediata en el siempre inestable e impredecible vaivén bursátil, provocando la caída en todos los parqués mundiales, comenzando por la de Nueva York, como si de fichas de dominó se tratase.
El actual problema es sin duda cómo conseguir levantar de nuevo esas fichas.

El mercado bursátil se ve afectado por todos los hechos relevantes de nuestra sociedad, sin que tengan que ser, obligatoriamente, de carácter económico; desde las pequeñas cosas hasta los acontecimientos más importantes. Para levantar los mercados, entre otros factores, es necesario que se produzcan importantes empujones económicos. En el año 2000, España se encontraba en una situación muy similar a la actual, en cuanto al índice Euribor se refiere, rondando valores en torno al 5,5. En esta ocasión, la bajada de los tipos de interés en un 0,25% anunciada por el BCE provocó un descenso del Euribor que sirvió de impulso para alcanzar una situación estable y moderada entre principios de 2002 y finales de 2005.

En esta ocasión, al encontrarnos en una situación de crisis mundial, esos impulsos han de ser mayores y más continuados. Podemos realizar una analogía visual con el comportamiento de lo que en física se conoce como una barrera de potencial. Si nos fijamos en la figura podemos imaginar que nos encontramos en la parte izquierda de la línea roja, es decir, abajo del todo. Los intentos actuales de bajadas de tipos de interés y las inyecciones de capital, no son lo suficientemente fuertes como para hacernos subir por encima de la barrera y colocarnos en ese primer mínimo que encontramos, para, desde ahí, volver a subir un poco más y alcanzar el siguiente nivel, más cercano a la fase de prosperidad.

Contamos en este mes de Noviembre con dos grandes posibilidades de conseguir superar la barrera. En primer lugar, las elecciones en EEUU, donde Barack Obama, como nuevo presidente demócrata puede provocar un mayor cambio social y financiero; y en segundo lugar, la reunión del G20, donde esperamos que se consiga modificar nuestro actual sistema capitalista lo suficiente para crear un nuevo sistema económico mundial, que proporcione mejores resultados; esto es, prolongando las fases de ascenso y reduciendo en intensidad las recesiones. Nos quedamos, pues, expectantes y esperanzados de que una mezcla de ambos hechos históricos, consiga que su impulso nos saque del pozo y nos eleve hasta una situación en la que podamos progresar, y, a ser posible, aprender de nuestros errores.

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